jueves, 22 de mayo de 2014

SACERDOTES INDÍGENAS


En 1984 derramó su sangre por sus hermanos paeces


Álvaro-Ulcué   

A mediados de 1980, Álvaro Ulcué Chocué convocó a  800  indígenas de  los resguardos de Toribio, Tacueyo y San Francisco, ubicados en el Norte del Cauca, que en seminarios – talleres de varios días formularon de manera participativa lo que se denominó El proyecto básico de la comunidad Nasa, hoy vigente y en plana vitalidad. Álvaro, sacerdote indígena de la etnia Páez, dedicó su vida a la causa de sus hermanos indígenas, defendiendo su dignidad, cultura y territorio.
Como líder y testigo de la fe, fue un profeta que con voz clara denunció públicamente los atropellos y las injusticias que sufrían sus hermanos indígenas por parte de terratenientes que habían usurpado sus tierras ancestrales. Por eso, la recuperación de las tierras por las vías legales era el aspecto central del proyecto que tenía en Álvaro a su principal vocero. Por su parte, los terratenientes, con el apoyo de la fuerza pública, hostigaron, denunciaron y amenazaron al sacerdote, al punto que su situación se fue tornando cada vez más grave y peligrosa. En enero de 1982 la violencia acabó con la vida de una de sus hermanas y de tres familiares más, además de atentar contra la integridad de sus padres, quienes resultaron heridos.
El sábado 10 de noviembre de 1984, Álvaro fue asesinado por dos sicarios, mientras esperaba que le abrieran las puertas del albergue Santa Inés en Santander de Quilichao. Minutos antes, al  subirse al campero, dentro del cual fue asesinado, había dicho a unos amigos “me siento como cansado, falta mucho por hacer… viajar, caminar, trabajar, eso es la vida, pero el Señor no nos abandona; sigamos trabajando mientras nos dejen trabajar”. Alguien le preguntó: ¿Padre, cuándo va a volver? Él  contestó: “¿Quien puede saberlo? Este viaje es larguito, pero ustedes sigan trabajando. Eucha”, que en español, quiere decir “adiós”.
La comunidad Nasa sigue teniendo como referente a este abnegado hijo de su pueblo. Las marchas multitudinarias para exigir sus derechos han sido una constate que ejemplifica el reclamo civilizado y no violento. Sin embargo, como Álvaro otros indígenas han caído bajo las balas asesinas de las fuerzas armadas del Estado, de los grupos paramilitares y de la guerrilla. Pero la lucha por su territorio, autonomía, cultura y dignidad no tiene reversa.

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